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De Cassinga a Cuba, la historia de una sobreviviente.

En 1978, en Namibia imperaba el régimen oprobioso del apartheid, impuesto por la ocupación ilegal de Sudáfrica. Al igual que en ese país, la población negra de Namibia no tenía derechos políticos y estaba segregada en los llamados bantustanes. Los blancos tenían el control de todas las esferas de la vida pública. Por ello, la única solución que encontraban muchos namibios era abandonar su nación y asentarse en países vecinos, fundamentalmente en el sur de Angola, ya fuera como refugiados o para unirse a la lucha de liberación.
A principios de mayo de 1978, el campamento de Cassinga, ubicado en territorio angolano, a 250 kilómetros de la frontera namibiana, estaba habitado por alrededor de 4000 o 5000 namibios. En su mayoría eran jóvenes, mujeres o familias con niños que esperaban ser enviados a escuelas en Angola o en el extranjero, o a alguna zona de reasentamiento más permanente.
La mayoría de estos civiles solo había estado en el campamento por unos días o semanas, ya que habían escapado recientemente a través de la frontera norte de Namibia. Según la página oficial de la SWAPO, el campamento al sur de Angola incluía un hospital, una escuela, una fábrica de costura, un taller de reparación de vehículos y una tienda de alimentos.
Cassinga, 4 de mayo de 1978.
Aviones de la Fuerza Aérea Sudafricana bombardean y disparan a los civiles. Más tarde, paracaidistas arriban a este campamento para terminar de aniquilar a sus pobladores, quienes esa mañana – al igual que otras-, se preparaban para iniciar sus labores cotidianas; mientras los niños marchaban hacia la escuela. El asesinato de los refugiados no fue suficiente, las tropas racistas a su paso fueron quemando varias de las instalaciones existentes en este lugar: los almacenes, la escuela, los albergues y el hospital.
La matanza dejó una huella devastadora en el paisaje de Cassinga, alrededor de 600 personas murieron, entre ellos decenas de niños, y una cifra similar resultó herida.
A 40 años de sobrevivir a la masacre de Cassinga, Erica Shafuda aún recuerda aquel terrible día.
Un mes antes, con solo 15 años, ella llegó a Cassinga. Después de haber abandonado Namibia en febrero de 1978 junto un grupo de jóvenes, quienes con la ayuda del PLAN (People's Liberation Army of Namibia), el brazo armado de la SWAPO (South-West African People's Organization), arribaron a ese campamento de refugiados.
“Nunca vi tantos muertos por las balas, bayonetas y bombas. Fue un ataque que duró todo el día”. Shafuda no pudo abandonar el campamento en medio de la agresión. “Oculta en una trinchera, era consciente de lo que pasaba a mí alrededor: disparos, gritos y voces de los sudafricanos”. “Sobreviví en el medio de los cuerpos de las personas muertas”.
Más tarde, “oímos unas voces que nos decían que era seguro salir de las trincheras. Pensé que eran sudafricanos, excepto porque hablaban español. Eran los cubanos que habían ido a ayudarnos.”
“Siempre recuerdo a los que nos rescataron y que algunos de ellos murieron al intentar llegar desde Shamutete, otro campamento ubicado a 15 kilómetros de Cassinga”.
Dieciséis combatientes cubanos perdieron la vida y alrededor de 80 resultaron heridos, producto de las minas y la aviación sudafricana, cuando intentaban rescatar a los civiles namibios.
“Cuando cierro los ojos, aún siento gritos, disparos y cuerpos yaciendo en la tierra. No es una historia fácil de contar porque parece y se siente como si hubiese pasado ayer”, explica, visiblemente emocionada, Erica Shafuda, actual Secretaria Permanente del Ministerio de Finanzas namibio.
“Siempre me pregunto, ¿cómo sobreviví? Es lo que siempre tengo en mi mente”.
La solidaridad permanente 
Algunos de los sobrevivientes fueron trasladados a Shamutete, donde recibieron atención médica de doctores cubanos. “En mi caso increíblemente no fui herida durante el ataque. Lo único que me afectó fueron los gases lanzados por las tropas sudafricanas, los cuales me dejaron inconsciente. Por eso, de Cassinga fui trasladada a un hospital en Lubango (Angola), donde permanecí alrededor de dos o tres semanas.”
“De allí me reubicaron, como al resto de los sobrevivientes, en Chibemba, un campamento de refugiados que había sido establecido recientemente. En ese lugar, también se concentraron los primeros niños, sobrevivientes de Cassinga o no, que irían a estudiar a Cuba.”
Los líderes Sam Nujoma, Padre Fundador de Namibia y el Comandante en Jefe Fidel Castro concibieron la idea de que muchos de los sobrevivientes, jóvenes en su mayoría, estudiáramos en distintas partes del mundo, para poder formar parte de ese cambio que queríamos para nuestro país. En aquel momento, “un gran número de nosotros tuvimos la oportunidad de hacerlo en Cuba”, recuerda.
La Secretaria Permanente fue “una de las afortunadas del primer grupo que viajó a estudiar a la Cuba en 1978. Era la primera vez que me subía a un avión y la primera vez que cruzaba el mar. El viaje a Cuba fue una experiencia muy extraña para mí, pues mientras volaba pensaba hacia qué mundo iba.”
“Al llegar, rápidamente nos trasladaron hacia Batabanó, donde embarcamos hacia la Isla de la Juventud. En nuestras escuelas en la Isla, nos recibió un amplio número de profesores y profesoras que nos adoptaron como si fuéramos sus hijos. Allí comenzó el primer reto para ellos y para nosotros: la comunicación y la enseñanza en español.”
Prácticamente recién llegados a la Isla, recibimos la visita del Comandante en Jefe Fidel Castro. “Ese día, nos dijo que conocía que habíamos sufrido mucho y que éramos los sobrevivientes de Cassinga”
Fidel nos explicó además que “nuestro país no era independiente y aún estábamos luchando. Nos hizo una única petición, esforzarnos mucho y no dejar de estudiar, pues así contribuiríamos a la independencia, preparándonos para aportar al desarrollo de Namibia, una vez liberados.”
“Ese mensaje arraigó profundamente en todos nosotros. Muestra de ellos era la seriedad con la que nos tomábamos los estudios, los cuales se nos hacían muy difíciles, al menos al principio, por ser en español. A raíz de esas palabras del Comandante, todos interiorizamos que estábamos en Cuba para estudiar”, subraya Erica.
“Una de las memorias que tengo con mayor cariño son las visitas anuales del Comandante en Jefe a la Isla de la Juventud. Fidel siempre nos preguntaba cómo estábamos, se preocupaba por nuestras condiciones en la escuela, pero más importante, nos exhortaba a trabajar y a estudiar duro por nuestro país”.
“En la Isla de la Juventud cursé desde 7mo Grado hasta 12mo Grado. Al culminar el preuniversitario fui para La Habana y estudié Licenciatura en Matemáticas en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, desde 1985 hasta 1989. En ese año, regresé a Namibia para participar en las primeras elecciones libres de mi país, después de alcanzar la independencia en 1990. Nuevamente, retorné a La Habana para terminar mi maestría en Matemática”.
Agradece a su educación en Cuba, a Fidel y a Nujoma lo que es hoy. Del Caribe regresó a África con los valores que hoy rigen su vida: el trabajo duro, el estudio constante, la defensa de su patria, el internacionalismo y la solidaridad.
Erica no ha regresado nunca más, en sus planes está hacerlo próximamente. Aunque, por la forma en que evoca a Cuba, a La Habana y la Isla, pareciera que una parte de ella sigue allí, en sus escuelas.

Autor: 

Linet Perera Negrín Aldo Luis Fuentes Acosta

Año: 

2 018
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